Concepto de herejía en Europa desde el siglo V hasta el siglo XII: desarrollo y consolidación de la ortodoxia católica.
Por: DDEYT, Juana Miranda Durango
Muchos son
los historiadores que se han dedicado a estudiar y caracterizar una de las
etapas que más ha marcado la historia de la humanidad debido a los cambios que
aquí se presentaron. La edad media se caracteriza por ser una etapa de cambio
ya que se deja atrás la edad Antigua y con esto muchos de los dogmas
religiosos, sociales, económicos, etcétera que caracterizaba a la comunidad de
la edad Antigua. Entre los cambios que trajo consigo la edad media se presentó
uno que quizá se puede considerar como el que marcó la manera de ver y vivir el
mundo; este cambio fue el cambio que se dio en el ámbito religioso. Se venía de
una edad en la que la iglesia se había consagrado como el mayor estatuto de la sociedad, era la que determinaba las
normas y modelos de vida, pero esto cambia en la edad media ya que se empiezan
a realizar y consagrar movimientos que ponían en duda lo que la iglesia venía
diciendo. Estos movimientos fueron nombrados como herejías que se
caracterizaban por estar en desacuerdo con los postulados eclesiásticos. Estas
herejías fueron determinantes para cambiar el pensamiento y los modelos de vida
con los que venía el ser humano, poco a poco fueron restando importancia a la
iglesia. El objetivo principal de este proyecto de investigación es dar a
conocer estás herejías, exponer de qué manera transformaron en poder de la
iglesia y que cambios trajeron para la sociedad de esa época y como siguen
vigentes en la actualidad.
Herejías durante la alta edad media
Es difícil
comprender lo que fue la Europa de la edad media sin hablar de religión, ya se
cristina, judía o alquiler otro tipo de religión que surgiese, tuvieron gran
influencia, algunas más que otras, en el desarrollo económico, político o
social de la época. La iglesia católica representa, en occidente, una
imposición de poder, precisamente al inicio de la edad media, donde se vio en
la libertad de hacer cuanto quisiese sobre la manera de pensar de las personas.
El no seguimiento de las doctrinas de esta iglesia era un error muy grave que
no debía ser cometido ni por el ser humano más limitado o segregado dentro de
la jerarquía social, la cual, era la misma iglesia la que regulaba, y era
condenado por la misma. Muchas de estas faltas a la fe fueron llamadas
herejías, que es de lo que hablaremos durante el desarrollo del trabajo. El
concepto de herejía en sí, dado por la iglesia católica, ha sido estático y se
refiere a pensamientos o movilizaciones que difieren de las leyes clericales, “negación
pertinaz, después de recibido el bautismo, de una verdad que ha de creerse con
fe divina y católica” (Fernández, 2004). Sin embargo a lo lardo del tiempo se
ha ido moldeando tanto su significado en la sociedad, como las implicaciones
que trae a los herejes; pues al ser un alza de la sociedad misma, representando
también inconformidad de parte de esta hacia las leyes impuestas, han sido
diferentes las herejías escritas a lo largo de la alta edad media. Para
hacernos una idea de los cambios que pudieron darse, veamos, de forma detallada
cuales fueron las herejías que fueron más problemáticas para la iglesia durante
los ocho siglos que se estudian.
Siglo V
Durante
este siglo el pelagianismo, nos habló acerca de que el pecado cometido por Eva
y Adán era algo que no se transmitía entre generaciones, por lo que un niño
estaba totalmente libre de pecado, además de que no veía con malos ojos el
libre albedrío. Por el que las personas seguirían a Jesús. La iglesia no permitió
esto, y se vio haciendo el papel de antítesis de esta propuesta de Pelagio. En
“De ingratis” de Próspero, se refleja el carácter de reproche que hace el
catolicismo a esta corriente. Próspero nos indica de forma detallada las partes
que conforman el pensamiento pelagiano y lo divide en cinco puntos, El primero
nos dice que Adán fue creado como un hombre mortal, y que esta cualidad no fue
dada por el pecado original; como segundo punto, encuentra que se niega la
premisa de que el pecado se hay transmitido entre generaciones y que el hecho
de que las personas caigan en el pecado se debe solo a una enseñanza de esta
forma de actuar y no algo dado por la naturaleza del hombre; como tercer punto,
nos plantea la posibilidad de que hayan seres humanos que no pecaron nunca en
sus vidas; como cuarto, nos dice que el hombre nace con una naturaleza moral
muy parecida a la ley de Moisés; y como quinto, nos dice que la gracia de
cristo es un don que se ha concedido a toda la humanidad, por lo que el hombre
tiene la capacidad de elegir, por su propia voluntad elegir “el camino de la salvación”,
por medio del bautismo o no, esto es, el libre albedrío. Esta herejía, fue
perseguida por San Agustín y condenada en varios concilios.
El nestorianismo, también muy fuerte durante el siglo V, fue también un
predicador de la salvación humana por su propio merito, desconociendo la
necesidad de la gracia divina. Su más fuerte ponencia fue la creencia de que la
naturaleza humana de cristo nunca existió, y que este solo podía existir como
ser divino, esto al mismo tiempo representaba la idea de que María nunca habría
podido engendrar a Jesús. Lo que hace esta herejía es plantearse como era posible
la unión del dios y el hombre y como es posible entender esta unión. Trataban
entonces de diferir entre los conceptos de naturaleza, hipostasis y persona, frente
a los conceptos ortodoxos. Para los católicos la hipostasis representaba la
unión de las naturaleza divina y humana de cristo, para los nestorianos
existían dos hipostasis, la humanidad y la divinidad eran vistas por separado,
por la tanto, su nacimiento y su muerte no eran a aplicables a su divinidad,
sin embargo, se mantuvieron fueles al pensamiento de la escuela de Antioquia, que
defendía la idea de que la sustancias generales tenia una hipostasis o
sustancia propia. Nestor de Antioquia, el mayor exponente del nestorianismo,
proclamó así, que María no era la madre de Dios. Los nestorianos fueron condenados
frente a los concilios de Éfeso y Calcedonia, y finalmente, María fue
reconocida como la madre de Dios, bajo el poder ortodoxo.
Siglo VII
En el siglo VII no encontramos con el monotelismo, que defendía la idea
de que cristo solo tenía una naturaleza divina, su intención era mantener a
salvo la integridad divina de Jesús, haciendo creer que, muy posiblemente ,
ellos vieron a la humanidad de cristo como algo que lo corrompe, algo que su
vez, es completamente incompatible con su naturaleza divina. Aunque esta se
creó como una unión de dos religiones que habían estado en conflicto hasta
entonces, se convirtió en fuente violencia. El monotelismo iba en contra de del
catolicismo, pues como se dijo antes, la ortodoxia católica, defendía la
dualidad de la naturaleza de cristo, la humana y la divina, y preveía la
compatibilidad entre ellas, casi como un trabajo armónico. En busca de una
solución a este conflicto se llevó a cabo una serie de concilios entre
católicos y monotelitas, sin embargo los primeros iban con la clara intención
de hacer que sus creencias prevalecieran sobre cualquier otras, por lo que al avanzar
las sesiones de los concilios, cada vez quedaba más claro quién sería el
ganador de esta lucha teológica. Al final de las sesiones, los monotelitas
fueron condenados como herejes, aun cuando se escucharon algunas propuestas
para que algo ten terrible no les
sucediera, negando su posición y aceptando las dos naturalezas, pero esto no
fue escuchado, y la certeza de la dualidad de la naturaleza de cristo siguió
intacta a manos de los católicos.
Siglo VIII
En el siglo VIII, los iconoclastas fueron el centro de atención. Después
de que las pinturas de los reyes fueran reemplazadas por las pinturas de Jesús
o pinturas que representaran actos o sucesos religiosos y revalorándose esto
después de varias guerras ocurridas a finales del siglo para volver a la
veneración de los reyes, los iconoclastas hacen su parición para estar en
contra de la realización de pinturas religiosas. Lo que buscaban con esta
negación de imágenes religiosas, era evitar que las personas cayeran en la
idolatría y el pecado pues esto las llevaría a la perdición, ya que existían
personas que realmente veían santidad y milagros dada en esas figuras
religiosas, y aunque se trataba de llevar el evangelio a todas las masas por
medio de estas pinturas, el problema radicaba en que estas personas no adoraban
solo las imágenes o el dignificado de la pinturas, sino que empezaban a adorar
los materiales con lo que se hacía. Sin embargo, esta concepción de idolatría
era algo que era muy difícil de solucionar en la practicas, si se considera
que, es necesaria la utilización las imágenes para la evangelización, pero
también es necesario un control que evite que las personas forjen su propio
camino hacia su condena con la adoración de cosas ajenas a Dios. De esta
herejía derivó una nueva concepción, la de devoto o fiel al arte. Esta herejía
fue condenada en el segundo concilio de Nicea.
Siglo IX
El siglo IX marcó la historia de la iglesia, en este siglo se produce lo
que se denominó la ruptura del gran Cisma de Oriente. El cristianismo tuvo una
división territorial, el Occidente y el Oriente. En Occidente se ubicaba la
cultura griega y en Oriente la cultura latina. La ruptura entre dos no fue algo
repentino, pues desde el siglo V hubo la primera ruptura con lo que se denominó
como el cisma del patriarca Acacio, más adelante ya en siglo IX con el
enfrentamiento por el filioque las
diferencias entre griegos y latinos pasarían a ser de tipo disciplinar y hasta dogmático. Esta
ruptura por negaciones que se dieron marcó y afecto la organización
eclesiástica, pues, con la negación de
esto se dieron enfrentamientos que conllevaron a grandes olas de
violencia, aunque se intentaron dar
acercamientos entre estas dos corrientes se logró lo opuesto al objetivo pues
este momento de acercamiento fue aprovechado para generar más violencia y
saqueo en las ciudades. Para la comunidad eclesiástica estos enfrentamientos
fueron un duro golpe debido a que se rompió una unión importante que mantenía
una parcialidad de pensamientos, se dio una gran inconformidad hacia los cristianos
de Occidente y se desarrolló un sentimiento de odio a los latinos, o que siguió
marcando otras olas de violencia.
Siglo XI
En el siglo XI las herejías persistían en Occidente como por ejemplo en
el caso de Berengario de Tours, quien negó la presencia real de Cristo en el
sacrificio de la Misa y la transubstanciación por lo que fue condenado en el
Concilio de Roma del 1050, si bien con posterioridad se retractó muriendo
finalmente en el seno del catolicismo (Ocddente s. f.). Berengario fue un buscador
de la verdad, él estipulaba que la presencia de Cristo en sacramento de la misa
n era como lo estaban diciendo los eclesiásticos pues resultaba imposible
determinar que recibías el cuerpo de Cristo por medio del pan o el vino o
comulgando. Esta herejía se fundamentó en estipular que el cuerpo de Cristo
estaba presente en el pensamiento de cada fiel, en sus creencias y la fe que en
estuviera, más no en una forma de alimento y que mediante esto se podía
recibir, lo que Berengario buscaba era racionalizar el sacramento de la
eucaristía mediante sus postulados y la racionalización de la verdad; esto marcó el poder de la iglesia ya que se estaba contradiciendo
todo lo que se había estipulado y transmitido por siglos, este pensamiento
estipulado por Berengario permitió que se diera una y otra herejía que pudo
cambiar y racionalizar un poco lo que la iglesia tenia estipulado que según el
pensamiento de este era absurdo pensar en la posibilidad de recibir a algo mediante lo que había señalado la
iglesia.
Siglo XII
Ya en el siglo XII aparece los cataros, como todas las herejías, esta
también se da por el descontento por parte de un grupo de personas que cansados
de los abusos e incoherencias de la comunidad eclesiástica deciden alzarse e
imponer un movimiento más igualitario, en donde
tenían la concepción de que había
solo dos corrientes a elegir; lo bueno y
lo malo. Los cátaros marcaron una ruptura en lo que se estaba dando en la
iglesia. Con este movimiento se produjeron cambios en todos os aspectos de la organización
que tenía la iglesia; uno de los cambios más significativos que se dieron
gracias a este movimiento fue el de la integración de la mujer a la vida
social, se dejó a un lado eso de que la mujer no podía participar en cuestiones
de tipo religioso ni en ninguna cuestión que fuera propia de los hombres. Los
cátaros además, se negaban a seguir el patrón doctrinal de la iglesia, negaban
todo acto de violencia y cuestionaban directamente los poderes que tenían los
miembros eclesiásticos. Otro factor determinante en lo que los cataros
cuestionaron el poder de la iglesia fue en la negación que dieron a los
sacramentos que eran impartidos por los sacerdotes, estipularon una libertad de
pensamiento y creencia en donde no era necesario el estar bajo un orden
sacramental para llevar por ejemplo una sexualidad. Este fue el factor que más
determinó la ruptura de la concepción de
la iglesia pues estaban impartiendo lo que la iglesia denominaría como
libertinaje y rechazo a las costumbres morales que ellos venían impartiendo.
Como se mencionó anteriormente, los cataros fundamentaban su dogma en un
dualismo absoluto que era e bien y el mal. Estipularon que el hombre nunca iba
a ser perfecto pues no estaba creado por Dios como se había dicho, otro aspecto
que llegó a ser transcendental en la comunidad cátara es que negaron uno de los
sacramentos de mayor importancia para los católicos que es el sacramento del
bautismo, la negación de las imágenes sagradas y de los templos. El pensamiento
cátaro estipulaba que Dios solo podía morir si la persona dejaba de tener fe.
Al igual que la comunidad católica, los cataros también tenían su organización,
tenían sus doctrinas y normas, a diferencia de los católicos los cataros no
usaban el dinero que podían recaudar en sus templos sino en la construcción de
casas para los menos favorecidos. Sin duda alguna, la comunidad catara marcó un
punto de inflexión, un antes y después de la iglesia católica ya que pusieron
en evidencia como sus doctrinas fueron contradictorias y otros aspectos que
dejan al descubierto que los católicos no eran esa comunidad que buscaba el
bien de los suyos, más bien buscaban tener un dominio entre sus fieles para así
mantenerlos sumidos en su yugo dogmático que era un limitante en todos los
aspectos sociales, económicos y de pensamiento.
Hacia la construcción
de la ortodoxia
El hecho de que estas disidencias mostraran formas de vivir con
creencias y organización social distinta a la que brindaba el catolicismo, fundamentó
el movimiento más perfeccionado y utilizado por la iglesia católica, la
persecución. Detrás de las fachada de lucha teológica, en realidad estaba
escondido el deseo de mantener un orden ya establecido por la iglesia de la
mano con la realeza (Fernández, 2008). De esta manera, los actos que se
llamaron herejías, no eran en su totalidad un ataque a la fe católica, sino una
forma de sublevación social, en las que no se buscaba cambiar la creencia del
pueblo, sino mejorar las condiciones en las que se encontraban. Estas puestas
en contra de la iglesia, aunque representaban una gran amenaza a su poder,
resultaban ser necesarias (Fernández, 2004) pues consolidaban sus leyes y al
mismo tiempo, se hacían conscientes de los pensamientos heterodoxos. Los
cataros, que fueron unos de los mayores exponentes de herejías, fueron también
la principal causa del monopolio de violencia que ejercieron el estado y el
papado, ya que representaban una autoridad espiritual y política (López, 2000).
Las herejías, actuaron entonces, como un transformador del catolicismo, quienes
crearon una doctrina mejor preparada y tomando los errores del pasado, y
además, se convirtieron también en, ya no protectores, sino en amenaza para los
heréticos, pues fue mayor la violencia que alcanzaron los castigos hacia los
disidentes.
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